lunes, 20 de mayo de 2013

Madonna fue reconocida con el premio a Gira del Año gracias a MDNA






Madonna fue reconocida con el premio a Gira del Año, gracias a su MDNA Tour, durante la ceremonia de los Billboard Music Awards, que se celebra esta noche en Las Vegas. Con un saco de piel negro, lentes oscuros y con sólo un liguero y medias negras cubriéndole las piernas, la Reina del Pop recibió el galardón de manos de Will.I.Am. “Quiero agradecer a toda la gente que trabajó conmigo en este tour, así como también a todas esas personas indispensables para hacerlo. Ahora me quitaré mis pretenciosos lentes negros. También quiero darle las gracias Will por sostener mi premio”, expresó Madonna durante su discurso de agradecimiento. La cantante, quien competía contra Rihanna, Lady Gaga, Katy Perry y Coldplay en esta categoría, también dedicó el premio a sus seguidores. “Mis dos hijos estuvieron conmigo, apoyándome cada noche, fue algo muy especial para mí. Y por último quiero agradecerle a mis fans todo su apoyo. Sin ustedes no podría hacerlo, una ‘showgirl’ como yo los necesita. ¡Gracias por apoyarme durante tres décadas!” Entre otros de los ganadores de los Billboard Music Awards están One Direction, con los premios a Mejor Dúo o Grupo y Mejor Nuevo Artista. Taylor Swift fue reconocida como Mejor Artista Femenina, Artista Top 200 y Artista Top Digital, éste último en empate con Carly Rae Jepsen. Rihanna fue premiada como Artista Top Radio, mientras que Justin Bieber se llevó el Billboard a Artista Top Social. Maroon 5 recibió el premio a Artista del Año Hot 100 y el tema “Somebody That I Used To Know”, de Gotye, se llevó el Canción del Año Hot 100. Durante la ceremonia, que se lleva a cabo en el hotel MGM Grand de la llamada Ciudad del Pecado, han actuado Justin Bieber, Taylor Swift, Chris Brown y Bruno Mars. FUENTE

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miércoles, 15 de mayo de 2013

"Madonna puro exhibicionismo" ...en el Festival de Cannes - 1991


 En nuestro país, el diario 2001 en días posteriores a la presentación del documental en Cannes, publicó fotos y una reseña tomada de Interviú, las cuales reproducimos a continuación:







Otra reseña, más actualizada, que nos pareció acertada de reproducir:



El Festival de Cannes ha vivido a través del tiempo momentos de emoción y de gloria, instantes inolvidables que cada uno conserva en la memoria. Recordamos uno de ellos.

En 1991, el nombre de Madonna estaba en boca de todos. Apenas acabada su gira mun
dial Blond Ambition, la cantante protagonizó una memorable aparición en la 44ª edición del Festival de Cannes. Había venido para presentar su documental En la cama con Madonna, una película que narraba los entresijos de su gira, cuando un maremoto de fans inundó la Croisette, ¡lo nunca visto en Cannes!

De naturaleza provocadora, Madonna se salta todas las reglas.

La escalinata del Palacio de los Festivales, acostumbrada a los trajes de alta costura, se convirtió en un testigo más la magnitud del fenómeno Madonna. La cantante llegó con un conjunto ultra ligero de Jean-Paul Gaultier. Su sujetador de forma cónica convertido hoy en mito, provocó en ese momento un escándalo. Un momento único de la historia del Festival.

Más de veinte años después, Jean-Paul Gaultier, miembro del jurado del Festival de Cannes 2012, sigue siendo el diseñador fetiche y un amigo fiel de la Reina del Pop.
FUENTE



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miércoles, 8 de mayo de 2013

Diputado ruso acusa a Madonna




Un diputado ruso, autor de una polémica ley "anti-gays" en San Petersburgo, acusó a Madonna de haber trabajado ilegalmente durante dos conciertos que dio en Rusia en 2012, durante los cuales defendió a los homosexuales y a las Pussy Riot.
"En agosto 2012, el tipo de visa de Madonna le permitía llevar a cabo actividades humanitarias y culturales, pero no comerciales", declaró Vitali Milonov, diputado local del partido gobernante Rusia Unidad.

Se trata de una visa de tres meses a título de "intercambios culturales", es decir "una visa que no permite trabajar ni ganar dinero" en Rusia, explicó el parlamentario, quien añadió que aún así Madonna dio dos conciertos, uno en San Petersburgo y otro en Moscú en agosto, "en los que ganó millones".

Durante estas presentaciones, la estrella pop defendió la causa gay y brindó su apoyo a las tres cantantes del grupo Pussy Riot, condenadas por haber criticado al presidente Vladimir Putin.

Organizaciones ultra-nacionalistas rusas habían presentando una demanda ante un tribunal de San Petersburgo reclamando a la cantante 8,5 millones de euros por daños y perjuicios, pero fueron desestimadas.

Cabe destacar que una ley adoptada en febrero 2012 en San Petersburgo, por iniciativa de Milonov, castiga en esta región todo "acto público" que promueva la homosexualidad y la pedofilia, un texto denunciado por los defensores de las libertades. FUENTE

Madonna subasta arte para ayudar a las mujeres musulmanas



Se trata de "Trois Femme à la Table Rouge", que Madonna adquirió en 1990 por casi la mitad del monto obtenido en la puja, señala "The New York Times".


Nueva York.- Un lienzo de la colección de Madonna fue subastado en la tarde del martes por 7,2 millones de dólares (unos 5,5 millones de euros), que la reina del pop destinará a un proyecto benéfico en los países musulmanes.

Se trata de "Trois Femme à la Table Rouge", que Madonna adquirió en 1990 por casi la mitad del monto obtenido en la puja, señala "The New York Times".

Los ingresos irán a parar a la fundación Ray of Light de la diva del pop, cuyo objetivo es apoyar la educación de las mujeres de Afganistán, Pakistán y otros países musulmanes.

"Me apasiona el arte y me apasiona la educación", dijo Madonna citada por la casa de subastas Sotheby's. Por eso, su intención era unir ambas pasiones, "cambiar algo valioso por algo impagable".

Los 7,2 millones pagados por el lienzo superaron en unos 200.000 dólares el precio máximo estimado por expertos. Fuente

martes, 7 de mayo de 2013

Peter Rauhofer pierde la lucha contra el cáncer cerebral

 
DJ internacionalmente conocido, Peter Rauhofer ha muerto a causa de complicaciones relacionadas con el cáncer que sufría, informó su gerente en Facebook. Tenía 48 años.

"Hoy en día la industria de la música ha perdido a uno de sus verdaderos héroes.

Con el corazón encogido ahora debo informar que Peter Rauhofer ha perdido su batalla con el cáncer cerebral".
  Además de su actividad como DJ, también lo llevo a desempeñarse como productor musical, lanzó varios álbumes de estudio y canciones remezcladas para reconocidos artistas como Madonna, Cher, Seal, Depeche Mode, Mariah Carey, Whitney Houston y Christina Aguilera entre otros. Fue propietario del sello especializado en house tribal Star 69. En 2000 ganó un Premio Grammy al mejor remixer del año por su remezcla de "Believe" de Cher.
 
Lista seleccionada de canciones de Madonna con Remixes de Peter Rauhofer (por orden alfabético):

"4 Minutes" (Madonna & Justin Timberlake)
"American Life" (Madonna)
"Dance 2night" (Justin Timberlake feat. Madonna)
"Get Together" (Madonna)
"Impressive Instant" (Madonna)
"Me Against The Music" (Britney Spears feat. Madonna)
"Miles Away" - (Madonna)
"Mother and Father" (Madonna)
"Nobody Knows Me" (Madonna)
"Nothing Fails" (Madonna)
"Nothing Really Matters" (Madonna)
I'm Addicted  (Madonna)
Adicionalmente: "Skin" The Colaboration Remix con Club 69 (PR con Victor Calderone)
 

Madonna reina del 'PUNK: Chaos a Couture' en New York


Madonna asistió a la Costume Institute Gala con Riccardo Tisci para la 'PUNK: Chaos a Couture'; exposición en el Museo Metropolitano de Arte en New York




 Madonna compartió mesa con Beyoncé, Riccardo, Ibrahim...



El detalle: Las banderas de Palestina e Israel...



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Homenajeado, reinterpretado o, a veces, profanado, el punk tomó el protagonismo de la alfombra roja del año, la que conduce a la gala benéfica del Instituto del Traje en el museo Metropolitan de Nueva York y por donde desfilaron Vivienne Westwood, Anne Hathaway, Sarah Jessica Parker, Almodóvar o Madonna.


Tachuelas, pitillos, crestas, cuadros escoceses... las claves del punk estaban allí, pero igual que reza la propia exposición que albergará el Met desde mañana hasta el 14 de agosto, el camino del movimiento "del caos a la "couture"" es tan inescrutable como los vestidos que han paseado por la alfombra roja más cotizada del año.

La madrina del evento, Beyoncé, cerraba la pasarela con un palabra de honor negro y fuego de Riccardo Tisci, más en consonancia con su habitual look de pantera del Rythim and Blues que con el movimiento underground de los setenta y ochenta.

Y Madonna, la reina del pop que nada tenía que ver con esa "God Shave the Queen" a la que cantaban los Sex Pistols, recurría a Riccardo Tisci, de Givenchy, para acumular cuadros escoceses, cinturones, clavos y tacones rosa fucsia que promocionó ya desde el Instagram con una foto pasando la aspiradora en la bañera. FUENTE

sábado, 27 de abril de 2013

Madonna "Mujer material"







Un domingo, 27 de abril de 2003, el diario argentino Página 12 publica un amplio reportaje sobre Madonna y su "American Life"... Nota que nos pareció recordarla y compartirla con los seguidores de la Reina del Pop.







Precedida por el alboroto del video-que-no-llegó-a-ver-la-luz (donde, vestida con ropa de fajina, le lanzaba a Bush Jr. una granada inocua), Madonna, otra vez morocha, acaba de lanzar su décimo álbum de estudio, American Life, una crítica a ese Sueño Americano que sigue permitiendo, entre otras cosas, existencias excepcionales como la suya. ¿Mea culpa, arrepentimiento de madurez o simple camaleonismo pop? Responde Rodrigo Fresán.

Pavlov vive. Y si no, ¿qué hace que la sola noticia de la salida de un nuevo disco de Madonna nos ponga a salivar a todos? A todos: a los que la adoran como a una diosa perfecta; a los que aprecian su manipulación del arte que la rodea; a los que admiran su vigencia como producto; a los que envidian su capacidad de reinvención; y a los que –como yo, como muchos– simplemente le agradecen que esté ahí, haciendo de las suyas, por motivos que no llegan a comprender del todo. Madonna ya es parte de nuestras familias. Casi siempre estuvo allí y –todo parece indicarlo– le queda cuerda para seguir un rato más.
Escribo esto el lunes 21 de abril de 2003. Pase lo que pase hoy en las pantallas de los noticieros planetarios, nada opacará al macluhaniano dato aldeano y globalista que nos une a todos: hoy sale en todo el mundo American Life, el nuevo de Madonna.

EL ANSIA En todo el mundo menos, parece, en Barcelona. Aquí la Semana Santa empieza un día después y termina un día más tarde, y tiene su gracia que una festividad sacra postergue por 24 horas la súbita y milagrosa materialización de Nuestra Señora del Pop en las disquerías de la Ciudad Condal. Está todo cerrado. Lo único que tengo aquí cerca es:

1. El flamante single en cuestión, también titulado “American Life” y, como suele ocurrir, dotado de ese raro y efervescente poder que, de entrada, nos convence de que es lo mejor que Mrs. Ciccone ha hecho hasta la fecha.
2. El vívido y afortunado recuerdo de haber enganchado la única emisión del polémico y formidable videoclip de “American Life”, retirado de circulación por su propia protagonista “por temor a ser malinterpretada” o –como aseguran los extremistas y conspirativos– por mandato de la misma Casa Blanca que tanto mal le hizo a su admirada Marilyn M.. Allí, Madonna, vestida de camouflage-combate, pasarela con fashion-soldiers, imágenes de bombardeos, niños de aspecto iraquí y, como cierre, la protagonista arrojándole una granada a Mr. Bush, que la atrapa en el aire y la usa para encenderse un cigarro.

3. El mini-álbum Die Another Day, que en su momento me produjo exactamente el mismo efecto que ahora me produce “American Life”. “Die Another Day”, que misteriosamente no tuvo éxito, aparece incluido en American Life, porque ¿por qué conformarse con vender una sola vez lo que puede venderse dos veces?
4. La “biografía íntima” de J. Randy Taraborrelli, que de tanto en tanto abro en cualquier página para divertirme un rato.

5. El último número de la revista inglesa Q con Madonna en la portada. (Q goza del privilegio de haber sido la única publicación a la que la Reina Madge le concedió una entrevista. O mejor dicho: una audiencia.)
Así que hasta mañana, cuando consiga por fin American Life y termine de escribir esto, éste es el material del que dispongo. Es más que suficiente para calmar una ansiedad que, insisto, no entiendo muy bien a qué se debe. Sensación que suelen producirte las mejores ansiedades.

EL LOOK Atención: Madonna –junto a Michael Jackson– es la primera artista visual de la era MTV. Para creerle, hay que verla. Y después oírla. Y el nuevo look de Madonna, ya lo saben, es el Che Madonna: Madonna vestida de revolucionaria prêt-à-porter con el pelo, otra vez, negro. Una de las tantas maneras de dividir a la humanidad en dos grandes grupos es poner de un lado a los que prefieren a Madonna rubia (teñida) o a Madonna con el pelo azabache (natural). El que Madonna haya saltado a la fama universal con el pelo platinado o amarillo sucio ha generado, claro, un interesante debate sobre lo falso o lo auténtico porque, si Madonna se hizo conocida en todas partes con sus cabellos claros, entonces, ¿no será ésa la Madonna a adorar, la que sangra y derrama lágrimas por nosotros? A mí me gusta más morocha.
Aunque tengo que confesar que esta nueva encarnación de Madonna me produce una ligera incomodidad y –como suele ocurrir siempre que leemos la vida de alguna santa pecadora– esa rara forma de lástima que nos produce alguien obligado a hacer algo por voluntad divina. 

El hecho de que Madonna sea mártir y diosa al mismo tiempo –el que sea ella misma la que determina su propio destino de santísima dualidad– lo hace todavía un poco más triste. Me explico: he aquí una señora de mediana edad, madre de dos hijos, millonaria, la mujer más famosa del planeta, obligada a vestirse de soldadito para sacarse fotos sentada en el inodoro de una letrina, cuando a esta altura de los acontecimientos, pienso, estaría mucho más digna y cómoda con un elegante traje sastre de Valentino o Armani pensado y cortado nada más que para su uso.
Está claro que parte del atractivo de Madonna –así como su poder residual, su vigencia perpetua– descansa en su capacidad para recrearse. Es una de las compulsiones sana y epidémicamente patológicas que han marcado a fuego y sangre el asunto desde que el pop es popular. Y Madonna –como David Bowie, que por eso casi se vuelve loco, aunque ahora, por fin, parece haber alcanzado el reposo del guerrero camaleónico– lo sabe a la perfección. El largo camino que ha recorrido la muchacha material para convertirse en esta mujer material.

(EL CAMBIO: UN PARÉNTESIS Una interferencia, en realidad. Una posdata más o menos pertinente. La semana pasada, en las páginas de este suplemento, firmé una nota sobre la conversión de Bob Dylan al más fundamentalista de los cristianismos a finales de los años setenta. Entregado el artículo, leí que –para el eterno y creciente desconcierto de los seguidores del monstruo– Dylan había autorizado en estos días el uso de su canción “Love Sick” como música de fondo para un spot televisivo de la firma de ropa interior Victoria’s Secret. Así, no tardaremos en detectar la voz podrida del hombre arropando a mujeres que corretean con alitas de ángel en sus espaldas y vestidas casi como Dios las trajo al mundo. Traigo a colación este hecho –que, ay, me habría funcionado como fantástico remate para lo del domingo pasado– para asentar una interesante diferencia entre dos sabios y curtidos negociantes del mundo del espectáculo con propensión a cambiar de aspecto sin cambiar de credo artístico. Mientras las metamorfosis de Madonna suceden con inquietante puntualidad (Madonna cambia para renacer, Madonna es como la Ayesha de H. Rider Haggard), las metamorfosis de Dylan tienen lugar en el momento menos esperado (Dylan cambia porque se le da la gana o porque está en su naturaleza, más allá de cualquier factor externo o excusa: Dylan es como el Jekyll de Robert Louis Stevenson). En resumen: una cosa es el cambio como disciplina y otra el cambio como desorden. Ustedes eligen, y por aquí tengo una foto en la que aparecen juntos Dylan y Madonna, y fin del paréntesis.)

EL CONCEPTO Madonna cree en Madonna. Tal vez, en la oscuridad de la noche más profunda, alguna vez titubee; pero me cuesta creerlo y sólo debe haberle ocurrido por los días en que sacó el libro Sex y el disco Erótica y las cosas salieron un poco más. American Life, parece, viene marcado por un nuevo tipo de dudas o de conflicto. No en lo comercial, donde Madonna sabe que empieza y termina en sí misma y ocupa la más cómoda y redituable de las posiciones, lejos de extremistas como Kate Bush y Björk, las chicas de mascar estilo Britney & Co., los fenómenos de moda como Alanis & Norah & Pink, la voracidad latina de Jennifer & Christina o las vetustas inmortalidades histéricas de Barbra y Celine. No en lo artístico, donde Madonna ha conseguido asentarse con firmeza a partir de su consagración como “creadora seria”, que arranca tímidamente con el soñador BedtimeStories (1994), se hace incontestable –con la gran ayudita de William Orbit– con el levitante Ray of Light (1998) y se perpetúa con la onda expansiva del fiestero Music (2000), en el que consigue un curioso efecto de novedad absoluta apoyada en el déjà-vu sónico y parasitario nutriéndose de materia bruta ajena para refinarla y hacerla suya.
Al grano, todo opus de Madonna tiene un Tema, un Concepto: la buena vida y la mala vida, el sexo y la espiritualidad, el cuero y la seda, Perón y Dick Tracy. Los discos de Madonna son, siempre, despachos desde las trincheras de Madonna: las novedades en su frente de batalla. Y el tema de American Life –oportunamente puntuado por loas a su vida matrimonial con el sufrido y cada vez más fracasado director de cine inglés Guy Ritchie, las disquisiciones sobre su humor religioso, la afirmación de que “nadie me conoce” o “soy tan estúpida” o “he muerto muchas veces”, o la inevitable elegía recurrente a su madre muerta– es una crítica desilusionada a ese paradigmático Sueño Americano que tantas alegrías le ha dado a esta cantante de voz regular, bailarina mediocre, pésima actriz de cine y Artista con A mayúscula.

EL ARREPENTIMIENTO Si se lo piensa un poco, el más grande logro de Madonna reside en haberse apropiado de aquel célebre mandamiento de Andy Warhol -el de los quince minutos, el del futuro– y habérselas arreglado para no soltarlo durante dos larguísimas décadas. No es poco. Madonna ha disfrutado de lo mejor de ambos mundos: veinte minutos de fama con la intensidad warholiana y concentrada que sólo consiguen las stars efímeras de cuarto de hora y hasta la vista, baby. Algunas pocas cifras: Madonna lleva vendidos 140 millones de discos, y sólo el año pasado –cuando lo único que hizo fue filmar otro rotundo fracaso cinematográfico y, dicen, estudiar la Cábala– se embolsó 36 millones de libras. ¿A qué vienen entonces esas quejas, señorita? Porque la letra de “American Life” es lo más parecido a una canción de protesta jamás escrito y cantado por Madonna. Y contra lo que protesta Madonna es contra ese american way of life que permite la excepción de existencias excepcionales como la suya. “Voy a evitar el cliché”, canta Madonna al principio de “Die Another Day”, y –curioso– tropieza y cae en el más profundo e irritante de ellos: el de la afortunada insatisfecha. Lo que sería más o menos perdonable -después de todo, el Madonnismo no es otra cosa que la originalización de lugares comunes enaltecidos por el solo y único hecho de que Madonna ha decidido fijarse en ellos– si no hubiera ocurrido lo que ocurrió con el videoclip de “American Life”.
Lo que ocurrió es que Madonna –dadas las presentes circunstancias– se arrepintió de haberlo filmado y, mucho más, de la posibilidad de emitirlo. Las palabras Madonna y Arrepentimiento configuran, seguro, el más impensable –hasta ahora– de los oximorones. Los motivos de Madonna pasan por un “no es el momento indicado”, pero lo cierto es que parecen sospechosamente asustados por el oprobio que les cayó encima a las country-girls Dixie Chicks cuando se avergonzaron públicamente de que “Bush haya nacido en Texas” y se descubrieron, más rápido de lo que vuela un Scud, cayendo en picada desde las alturas de los rankings y el favor de los norteamericanos. Sorpresa. Y Madonna –que hasta ahora pensaba que podía volver de todo, del nudismo ninfómano como coffee-table book o de la seducción de un santo negro como propaganda de Pepsi– se descubrió pensando que si de algo no se vuelve es de entrometerse con un fanatismo fundamentalista mucho más poderoso que el que ella jamás podrá provocar. De acuerdo: Madonna no va a entretener a las tropas en Bagdad, pero da un paso atrás y retirada. Y quién sabe: tal vez la transgresión definitiva, después de tanto transgredir, sea fingir que se obedece. Al menos eso prefieren pensar ahora, desconsolados, sus fieles.

EL LAMENTO En la entrevista firmada por Paul Rees en Q, Madonna dice poco y actúa mucho. Actúa de Madonna. Alterna one-liners de budista de vernissage con amenazas de chica de ghetto. Pasa de predicar su creencia en la reencarnación (“pero no tengo tiempo ni ganas de que me hipnoticen e investigar vidas pasadas”) a reírse de todos esos cretinos que llenan los tabloides amarillos con noticias de su peleas conyugales en público (“tienes que tener cuidado con lo que lees sobre mí: nada es lo que parece. La prensa no quiere que yo lleve una vida feliz”). Si Madonna fuera una película sería All About Eve, mitad Bette Davis y mitad Anne Baxter: usa lengua afilada pero sabia a la hora de basurear a las candidatas y candidatos al trono (“no digo que esas chicas no puedan crecer y convertirse en algo interesante; pero vivimos en tiempos tan homegeneizados... Todos los chicos quieren ser Thom York de Radiohead”) y pestañeo de ingenua peligrosa cuando se pregunta por qué se meten tanto con ella (“humillar públicamente a alguien para el propio provecho no es bueno. Puedo asegurarte que todas esas personas acabarán lamentándolo. Dios va a obtener su venganza”) y –Rees dixit– después Madonna se suena los mocos (está engripada) y hace un alto en el discurso para inspeccionar lo que ha dejado en el pañuelo de papel con curiosidad infantil o perversa, vaya uno a saber. Una entrevista a Madonna –sé de lo que hablo, yo estuve allí al lado, por los tiempos de Evita– se elabora con 50 por ciento de ataque y 50 de defensa. Así es, fue y será la vida de esta chica. Y de eso trata American Life: del fino arte de patear primero y levantar la guardia durante la cuarta parte de una vida. Y de la fatiga de materiales que eso acaba causando.
Rees asienta un punto tan necesario como obvio: “La idea de que una inmensa fortuna no conduce automáticamente a la felicidad es, por supuesto, el lamento habitual de todo mega-rico”. En el caso de Madonna esto es todavía más cuestionable, porque convengamos que ella no parece extrañar ni el trineo de Charles Foster Kane ni teme a las bacterias de Howard Hughes. Es más: buena parte de su atractivo comercial siempre estuvo sostenido por el evangelio de chica-pobre-la-pega-en-serio-y-mírenla-cómo-se-divierte-y-hace-lo-que-se-le-da-la-gana-y, no, nunca-les-va-a-suceder-a-ustedes, porque Madonna es única entre las únicas. A lo que Madonna responde: “Ya sé que suena a lugar común; pero he tenido veinte años de fama y fortuna y me parece que eso me da derecho a tener una opinión autorizada acerca de los pros y los contras. La única obsesión de nuestros días es el ser famoso. Yo digo que la celebridad es una mentira de mierda y acaso hay alguien que lo sepa mejor que yo. Antes de que te ocurra tienes todas esas ilusiones sobre lo maravilloso que va a ser disfrutar de una vida de estrella y del placer que te traerá todo eso. Entonces llegas a lo más alto y...”.
Y dos párrafos más abajo, cinco minutos más tarde, Madonna dice que extraña su automóvil inglés Mini Cooper. “Amo a mi Mini Cooper”, gime.

EL SONIDO Todas estas contradicciones entre el brillo y la sangre, el asco y la delicia, son la materia prima con la que teje sus dulces sueños y sus amargas pesadillas el flamante –ahora es martes, aquí lo tengo– American Life. Grabado entre Londres y Los Angeles, una vez más con la co-producción de Mirwais Ahmadzaï, el décimo álbum en estudio de Madonna suena menos esquizofrénico y más “parejo” que los anteriores y, sí, está lleno de esos “ruiditos” que tanto fascinan, de esos violentos breaks de lo electrónico para dar paso a un rasgueo acústico, de la sorpresa de un coro gospel saliendo de ninguna parte y de uno que otro rap. Definámoslo como sushi-sugus sound: masticable vulgar y al mismo tiempo sofisticado y crudo. No hay nada tan wow! Como “Frozen” o “Don’t Tell Me” –por citar últimos hits–, pero el trío inicial se las arregla para funcionar casi como una mini autobiografía no-autorizada en la que Madonna se burla de símisma antes de que se burlen de ella. Así, “American Life” (la mejor canción que compuso Madonna para este disco), “Hollywood” (la mejor canción que jamás compusieron The Bangles) y “I’m So Stupid” (la mejor canción que jamás compuso Shirley Manson de Garbage) funcionan como una especie de perfecto soundtrack para la última novela de Bret Easton Ellis o la próxima de Joan Didion. Un gozoso paseo por el basurero de las lentejuelas en el que Madonna dice que el aire de Hollywood tiene algo raro y que ella tiene todo un pequeño ejército de asistentes, mientras una voz con inflexión entre castrense y aeróbica ordena: “Aprieta ese botón, cambia de canal”. “American Life”, ya se dijo, es la pieza de resistencia y tiene un principio antológico –”¿Tendré que cambiar mi nombre? / ¿Me hará llegar lejos? / ¿Debo perder algo de peso? / ¿Voy a ser una estrella? / Intenté ser un chico / Intenté ser una chica / Intenté ser un caos / Intenté ser la mejor / Supongo que me salió mal / Por eso escribí esa canción”–, y el disco salta después sobre un colchón de teclados tamaño king-size y nos lleva de paseo con ella a un bar donde mira músculos y pectorales machos con pupilas despectivas y, de regreso en casa, concluye que “este tipo de vida moderna no es para mí”.
El final con cuerdas de “Easy Ride” nos la muestra curtida y cansada del mundo exterior y otra vez en su madonnacueva solitaria, pero con su marido. Incomprendida, pero amada por todos. La vida es una mierda, sí, pero hay mierdas y mierdas.
La entrevista de Q termina bien, termina buena. Madonna dice que “fui un bufón y una idiota hasta que cumplí los 40”, y agrega que de encontrarse con esa chica material que alguna vez fue, esa que llegó a Nueva York nada más que con 35 dólares en el bolsillo, le aconsejaría que “no se tome nada personalmente”.
Y entonces el escalofrío, y tal vez eso sea el talento en serio o el genio gracioso: conseguir que millones de personas se tomen personalmente todo lo que hacés, que ya estén pensando en cómo será tu próximo look y tu nuevo sonido, mientras vos te asomás al balcón de tu vida americana y te reís y te vas a seguir riendo hasta que se caiga el último de tus dientes.
Y después llamás por teléfono al mejor dentista de Beverly Hills, de Park Avenue, de Chelsea.
Y te morís otro día.
Hay tiempo.

miércoles, 24 de abril de 2013

"Madonna en Venezuela"




¿Madonna en Venezuela? Pues sí, entre sus fans que a diario mantienen espacios para el disfrute, donde comparten sus colecciones e información sobre la Reina del Pop. Desde el MadonnaFanClubVenezuela queremos felicitar la labor de dos espacios 100% venezolanos que nos mantienen dentro del trabajo artístico de nuestra ídolo  desde hace ya tres décadas... ¡Y lo que falta!

Es así como, partiendo de la invitación que nos hiciera José Dionisio Fernández C. en el grupo en facebook, mostramos su espacio, al que él mismo denomina "un viaje al pasado para conocer el registro de las portadas de Madonna en Venezuela"... 



Además, ya es referencia estar al tanto de lo que nuestro amigo Eric, desde Maracaibo en el estado Zulia, publica, comenta y comparte desde Crazy 4 Madonna Venezuela, lugar indiscutible de publicaciones respecto a información que aparece reseñada o se transmite en nuestro país. 



Una ves más, nuestro aplauso y apoyo a todos los que se toman un momento dentro de su ajetreado quehacer y nos brindan su labor depositada en los blogs, páginas y/o grupos para el deleite de los fans de Madonna. 

Si, Madonna en Venezuela, en la labor de sus fans...